Elena narrando
Desperté con el sol entrando por las rendijas de la cortina. El ruido del mar estaba allí, constante, como si nunca se fuera a ir.
Parpadeé un par de veces, todavía un poco perdida. Y entonces miré mi mano.
El anillo todavía estaba allí.
No fue un sueño.
Adrián estaba a mi lado, durmiendo profundamente. Su pecho subía y bajaba despacio, y uno de sus brazos estaba extendido sobre mi cintura, como si incluso durmiendo no quisiera soltarme.
Sofía no estaba en la cama — probablemente