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—¿Entonces?.
—Por favor se debe sentar.
La escucho y me río porque su actitud es ridícula, tenemos prácticamente la misma edad y ella me habla de tú cuando hace un minuto andaba mirándome y diciendo que me va a ayudar.
Tomo asiento, me duele pero disfruto esto que no tiene sentido, mi curiosidad de querer entender porque los Maranello han dejado a su única heredera en un convento sólo aumenta ya que se reconocer las cosas, con la cara que ella tiene y el cuerpo que esconde bajo ese háb