Supe que algo andaba mal en cuanto entramos por la puerta principal.
La mansión nunca era un caos. Incluso en momentos de crisis, el personal se movía con una eficiencia controlada. Pero esa noche se sentía una tensión en el ambiente: densa, asfixiante, inquietante.
Una de las amas de llaves se apresuró hacia nosotros, pálida y temblorosa. —Señor Grant, no está respondiendo bien a la medicación.
Ace no aminoró el paso. —¿Dónde está?
—En su habitación.
Ya estábamos en marcha.
No recuerdo haberme