No perdieron ni un segundo. En cuanto la rápida comprobación de compatibilidad mediante tecleo, las enfermeras se movieron con urgencia. Apenas tuve tiempo de asimilar las palabras *compatibilidad confirmada* antes de que me guiaran por un pasillo iluminado hacia la sala de donantes.
Sentía las piernas temblorosas, no por miedo a las agujas ni por debilidad, sino por la posibilidad que se había instalado en mi mente y se resistía a abandonarme.
Me sentaron en un sillón reclinable. Me ajustaron