Alice había estado inquieta toda la tarde.
No exactamente inquieta, solo un poco alterada. Como si algo dentro de ella no pudiera calmarse del todo. Se aferró a mi mano más tiempo de lo habitual, arrastró los pies cuando intenté llevarla arriba para su siesta, no dejaba de mirar hacia el pasillo como si esperara a alguien que aún no había llegado.
"Oye", murmuré, agachándome frente a ella. "¿Qué pasa por esa cabecita tan ocupada?"
Se encogió de hombros, con el labio inferior tembloroso.
Se me e