Alice estaba sentada en la alfombra del salón, rodeada de sus juguetes dispersos, mientras yo intentaba ordenar el caos sin pisar pequeños bloques de plástico.
"Cuidado, Alice", dije, levantando un juguete de debajo de mis pies. "No queremos ningún trozo roto antes del desayuno".
Soltó una risita, aplaudiendo con sus pequeñas manos. "¡Yo no lo rompí, Lily!"
Sonreí, despeinándole los rizos. Su risa siempre era brillante, pura, una pequeña burbuja de felicidad que, de alguna manera, hacía que la