La noche se alargó, larga y sin dormir.
Incluso después de terminar la llamada, no me atreví a volver al banco. La lámpara que había encima parpadeaba como si fuera a apagarse en cualquier momento, y la idea de sentarme allí en la más absoluta oscuridad me revolvía el estómago. Necesitaba un lugar, un lugar más seguro, más cálido, menos expuesto.
Deambulé hasta que volví a sentir el dolor en los pies, siguiendo el resplandor de las tiendas de conveniencia, las lavanderías que seguían funcionand