El aeropuerto se veía diferente a la última vez que había estado en uno.
Quizás era la ventana tintada del auto de lujo lo que hacía que todo pareciera distante e irreal.
Quizás era porque ese día se sentía como un punto final en mi vida: todo detrás de mí se oscurecía, todo delante era demasiado brillante para mirarlo.
Cuando Franklin se puso en la fila de salidas, me tensé. La gente pasaba a toda prisa con maletas, niños, tazas de café. Gente normal. Gente que pertenecía a este lugar. Mientra