Me obligué a respirar, lenta y tranquilamente, hasta que mi corazón se estabilizó y se volvió menos violento. Mis manos seguían temblando, pero me eché agua en la cara una vez más, apretándome las palmas contra las mejillas como si pudiera reprimir todo el miedo.
"Estás bien", me susurré. "Es solo estrés. Estás bien".
Estrés. Falta de sueño. El olor. Cualquier cosa.
Cualquier cosa menos la verdad que no estaba lista para reconocer.
Cuando volví a bajar al suelo, el ruido de la barra me envolvió