Habían pasado dos meses desde aquel terrible día. Dos meses completamente desconectada de todo lo que conocía. Mi vida se había convertido en una serie de pequeños y frágiles pasos hacia adelante, cada uno balanceándose precariamente al borde del desastre. De alguna manera, logré sobrevivir.
De alguna manera, logré existir en un mundo que ya había decidido que no merecía nada.
Esa tarde, estaba sentada en la acera agrietada frente a un pequeño café de la esquina, con las rodillas pegadas al pec