Llevaba ropa azul marino.
Ni negra. Ni blanca. Nada que pareciera que estuviera interpretando un papel de tragedia o inocencia.
El azul marino fue una elección deliberada.
Neutral. Controlada. Sin complejos.
Las escaleras del juzgado ya estaban abarrotadas cuando llegamos. Los periodistas se agolpaban tras las barricadas metálicas, las cámaras apuntando como armas, esperando el momento oportuno para cometer un error. Los micrófonos lucían logotipos que reconocí y otros que no. El ambiente estab