Supe que era un error en cuanto entramos al restaurante.
El lugar era demasiado luminoso, demasiado ruidoso, demasiado lleno de gente que nos miraba como si fuéramos dignos de admiración. Las luces de cristal se reflejaban en las superficies pulidas, los camareros se deslizaban entre las mesas con gracia ensayada. Era el tipo de restaurante que prosperaba gracias a las apariencias, a los momentos seleccionados y a las vidas cuidadosamente organizadas.
A Ella le encantaban lugares como este.
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