Al ver que todos los estudiantes se habían puesto de pie y que los gritos de jaleo crecían sin parar, la situación estaba a punto de salirse de control. Fabian forzó la calma, estabilizó la respiración y sonrió mirando a Sylvia.
—Está bien. Pregunta.
Sylvia permaneció sentada, de perfil frente al público, y levantó la mano haciendo un gesto para que se sentaran.
Solo entonces los estudiantes fueron tomando asiento uno tras otro.
Cuando ya estaban sentados, muchos reaccionaron de golpe:
¿Eh? ¿Có