La voz de aquella mujer sonaba extremadamente cautelosa.
Pero el hecho de llamar a Hiram por su nombre indicaba que no se trataba de una simple criada.
—Por cierto, escuché que trajiste a una chica a casa. ¿Es tu novia? Tu padre y yo hemos preparado un regalo de presentación. ¿Te parecería bien que se lo entregáramos hoy? —continuó preguntando la mujer desde fuera.
Al oír eso, Sylvia pudo deducir con bastante certeza que la mujer de afuera era la madrastra de Hiram.
Tal como se decía, en la fam