Tras decirlo, Hiram sujetó la parte posterior de su cabeza con una sola mano y, bajando el rostro, cubrió sus labios, besándola con dominio y fuerza.
En su boca se mezclaba el amargor de la cerveza, pero para él era como si estuviera impregnado de amapola: adictivo.
Al principio solo había querido probar un poco, pero una vez iniciado el beso ya no pudo soltarse. La besó con mayor osadía, succionando sus labios como si quisiera devorarla por completo.
Sylvia lo miró fijamente, con los ojos clav