Sebastian no se giró para responder a sus preguntas.
Las cámaras seguían disparando flashes de todos modos, y las preguntas caían sobre él como lluvia.
Su mandíbula se tensó mientras intentaba contener tanto la ira como el dolor.
La puerta del coche negro se abrió a su lado y él entró sin dirigirles ni una sola mirada a los reporteros.
La urna de vidrio permanecía apretada contra su pecho, sus dedos curvados alrededor de ella con tanta fuerza que sus nudillos parecían sin sangre.
Fuera, los med