Entonces el sonido de sus pasos captó su atención y la hizo congelarse en su movimiento por un segundo.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Dios mío.
Acababa de salir del baño. Gotas de agua resbalaban por su cuello, su cabello oscuro estaba húmedo y una pequeña toalla blanca descansaba sobre sus hombros mientras se lo secaba con pereza.
Nada más cubría la mitad superior de su cuerpo.
Su cerebro se cortocircuitó por completo en cuanto posó los ojos en él.
—¡Ponte algo de ropa! —gritó—. ¡Está