Entonces, el alcalde del pueblo se acercó a mí con una sonrisa amable, amistosa, y se acercó a mí para agarrar mi mano con delicadeza, darle un pequeño beso con sus labios como muestra de saludo, y se alejó. Sin dudarlo sonreí cuando sentí sus labios rozar mi piel, pues él era un hombre tan atractivo que no me molestaría que llegara la oportunidad de que él se metiera bajo las sábanas de mi cama para una noche muy placentera.
— Reina Helen, es para mí un honor recibirla en esta humilde alcaldía