Pronto, escucho cuando la puerta de la habitación se abre lentamente, y Sanie entra allí con una sonrisa dibujada en el rostro. Su cabello oscuro cae en sus hombros, está muy bien peinado, y su maquillaje es suave, sin usar nada grotesco que la haga verse muy exagerada. Su ropa era un sencillo vestido amarillo que nada más se ajustaba al cuerpo era en su cintura porque luego se dejaba caer hasta sus rodillas, parecía más como si usara una falda corta y una blusa de manga larga.
— Buenos días.