Me despido de Aren con una sonrisa agradecida, y me dirigí hacia la salida de su oficina. Afuera, estaba rodeado de nuevo por hombres lobos, todos se asemejaban a un grupo de robots que vestían igual, caminaban igual, y hasta sus comportamientos eran los mismos, salvo que hay una diferencia entre ellos; los hombres lobos razonaban, sentían, percibían, en otro caso, el robot no iba a poder hacer todo aquello que un humano haría en su día a día.
Camino por el pasillo, pasando por en medio de las