"Qué... ¿Qué te hizo cambiar de opinión...?", consiguió preguntar entre gemidos.
Arrastré mis dientes suavemente por su cuello. "Alguien con el pelo oscuro como la medianoche, los ojos azules como el cielo de la mañana... y que parece un sueño cuando me la follo hasta que ya no puede hablar...". Volví a meterme en ella, saboreando el grito ahogado que soltó. "Justo así...".
Con un suave jadeo, me acercó de nuevo a su cara y volvió a unir nuestros labios con fervor, atrayéndome como si fuera ox