"Se... Se suponía que era un secreto", respondí, como si necesitara justificarme ante él.
Me sentí acalorada por la vergüenza, al encontrarme una vez más atrapada bajo los focos de alguien que escudriñaba cada uno de mis movimientos y decisiones. Aun así, me obligué a sostenerle la mirada. No mostraría más indicios de debilidad en mi estado vulnerable y expuesto.
"Y, sí", añadí en voz baja. "Mi padre lo sabe".
Él estaba dispuesto a encarcelarme para el resto de mi vida por ello... pero, para