Bueno... no hay nada que perder.
Pulsé cada número en el dial, escuchando el tono musical de cada clic de un botón, y sentí que mis nervios empezaban a acumularse una vez más. Cuando la línea empezó a sonar, débiles temblores sacudieron mis manos.
No me quedaban muchas más opciones y si esta no funcionaba, no tendría más remedio que visitar a un médico de palacio o abandonar la seguridad de la capital para buscar otro médico, cosa que esperaba evitar a toda costa.
"Hola. Esta es la oficina