El agua fue un milagro. No solo eliminó la suciedad de su viaje, sino también el profundo cansancio espiritual que se había instalado en sus huesos. Por primera vez en días, se sintieron fuertes. La mancha gris en la mano de Kael se desvaneció, y la piel muerta se desprendió para revelar carne sana debajo. Descansaron junto al río recién nacido, y el sonido de su flujo suave fue un bálsamo para sus almas fracturadas.
El zorro del amanecer bebió hasta saciarse y luego esperó, con su mirada pacie