Lorenzo llegó con diez minutos de antelación.
No era impuntualidad ni ansiedad. Era el tiempo que necesitaba para estar ya instalado cuando Adriana y Franco entraran, para que el espacio de la Galerie Bellini no pareciera territorio de nadie.
Adriana lo notó en cuanto cruzaron la puerta.
Franco también.
—El bloqueo de Tomás tiene un fallo técnico —dijo Lorenzo sin preámbulo, con las páginas ya extendidas sobre la mesa—. Robles pidió la medida cautelar sobre las cuentas personales de Adriana, per