Lucía había visto muchos expedientes.
Había cubierto tutelas forzadas, internamientos voluntarios que no lo eran, diagnósticos que llegaban antes que los síntomas y firmas médicas capaces de convertir una incomodidad familiar en argumento legal. Lo había visto en Bruselas, en Madrid, en Ginebra dos años atrás, durante un caso que todavía le dejaba una rabia limpia y sostenida cuando lo recordaba. Familias respetables, instituciones correctas, médicos de voz serena. Siempre cambiaban los apellido