El papel con el código no llegó al refugio.
Llegó pegado al interior de la chaqueta de Franco, como si el museo hubiera seguido respirando dentro de la tela durante todo el trayecto de vuelta.
Adriana lo pensó al verlo extraer la tira mínima de papel sobre la mesa del archivo, bajo la luz blanca que volvía todo más verdadero de lo deseable. Afuera, el Jardin Exotique ya estaba oscuro. El mar no se veía desde allí abajo, pero seguía en la presión del aire, como si Mónaco nunca permitiera olvidar