Monteluce no parecía una clínica.
Parecía el tipo de villa al que las familias ricas llevaban sus errores cuando necesitaban que siguieran respirando sin seguir existiendo.
Adriana la vio desde el coche detenido en una curva alta, con Mónaco extendido abajo como una bandeja de luz demasiado cara para admitir la palabra horror. La placa de bronce junto al portón decía Monteluce Private Recovery. Letras sobrias. Jardín podado con obsesión. Fachada color crema. Persianas a media altura. Ninguna am