Renard emitió su resolución final el jueves por la mañana.
Adriana no la abrió de inmediato.
La notificación llegó a las nueve y cinco, mientras el apartamento estaba en una calma tan frágil que cualquier sonido parecía demasiado fuerte. Franco estaba en el salón, hablando en voz baja con su abogado sobre la querella. Damián revisaba actualizaciones de fiscalía desde el despacho. La luz de Mónaco entraba por los ventanales con esa indiferencia cruel que tiene el sol cuando ilumina días que pued