Lorenzo no ofreció consuelo cuando llamó.
Ofreció acceso.
Adriana agradeció esa diferencia antes incluso de escuchar toda la información. Contestó desde el salón, con Franco trabajando en el despacho y la puerta entreabierta. No bajó la voz. No porque quisiera provocar una reacción, sino porque ya no estaba dispuesta a tratar la presencia de Lorenzo como algo que debía ocultarse para que Franco respirara mejor. Si Franco quería aprender a amarla sin posesión, también tendría que escuchar el nom