La sala de la audiencia no era el ministerio.
Tomás había solicitado una reunión con el consejo asesor del fideicomiso Salvatierra-Costa en un despacho privado de la Avenue de la Costa, el tipo de espacio que en Mónaco era un instrumento en sí mismo: madera oscura, vista al jardín, ninguna ventana hacia la calle y el mensaje implícito de que lo ocurrido ahí no saldría a menos que alguien decidiera convertirlo en arma.
Adriana lo entendió apenas cruzó la puerta.
Ese lugar no había sido elegido p