La sala del ministerio no era grande.
Franco se sentó en la fila de atrás porque era el único lugar desde donde podía ver tanto a Renard como a Lorenzo sin que ninguno de los dos pudiera leerle la cara con facilidad. Adriana estaba junto a su abogado, dos filas más adelante, con la espalda recta y esa postura suya que no era rigidez, sino exactitud: el cuerpo en el lugar correcto, sin sobrante.
Lorenzo Bellini entró a declarar a las diez en punto.
Franco lo observó sentarse frente a Renard con