La declaración tenía dos páginas.
Adriana la leyó una vez, despacio, en el asiento trasero del coche que Damián había enviado después de la reunión. No le pidió al conductor que arrancara. Necesitaba que el mundo permaneciera quieto mientras la letra ajena intentaba ordenar una parte de su vida.
La segunda vez la leyó con más lentitud.
Bianca describía el pabellón. Las fechas. Los turnos del personal que había visto cuando aún tenía acceso. El período en que Adriana no tenía documentación. Todo