Tomás de la Vega no llegó a la reunión con amenazas.
Llegó con café, con los gemelos del traje alineados y con esa cortesía suya que no era calor, sino estructura. La sala era neutral: una de esas habitaciones privadas de hotel que no pertenecen a nadie y, por eso mismo, sirven perfectamente para conversaciones que tampoco deben pertenecer a ningún lugar.
Adriana llegó sin Franco. Había sido decisión suya y Franco la aceptó con un silencio que ya no era control, sino comprensión de que ciertas