Mara llegó al pabellón a las tres.
No al hotel. Al pabellón.
Era la primera vez que alguien del mundo de Adriana cruzaba esa entrada sin pertenecer al círculo operativo de Franco, y Damián la recibió con la misma eficiencia discreta con que recibía a cualquiera que pudiera alterar el tablero sin necesidad de levantar la voz.
Adriana la esperaba en la sala de trabajo.
Mara entró con un abrigo claro, el cabello recogido y una carpeta delgada bajo el brazo. No miró el lugar con curiosidad turístic