Bianca llegó a las cuatro.
No fue una concesión de Adriana invitarla al pabellón. Fue una decisión. Si la información era real, necesitaban un espacio donde pudiera hablar sin que Beatrice midiera sus movimientos ni Vanni supiera que una pieza que creía rota todavía podía entregar algo útil.
Damián la hizo pasar a la sala lateral, no a la sala de trabajo. Adriana eligió ese lugar porque allí no había mapas sobre la mesa, ni pantallas encendidas, ni restos visibles de las últimas semanas en cada