El despacho de la Galerie Bellini estaba en silencio cuando Lorenzo terminó de hablar.
Adriana había escuchado durante veinte minutos. Franco, a su lado, con la espalda recta y la mandíbula apretada de la forma específica en que la apretaba cuando alguien decía algo que no podía rebatir porque era correcto.
Lorenzo había presentado tres rutas distintas de activación del fideicomiso. Las tres eran técnicamente sólidas. Una de ellas era la más limpia, la que dejaba menos huella y la que requería l