**Punto de vista de Aria**
Nunca pensé que me acostumbraría a despertar en un rancho, pero habían pasado dos semanas y había caído en una rutina sin siquiera darme cuenta. Mis mañanas ya no eran ruidosas ni caóticas. Ya no empezaban con Elisa golpeando mi puerta o el sonido de Lucca gritando órdenes en algún pasillo. Ya no comenzaban con la voz baja y autoritaria de Valente regañando a alguien a lo lejos, ni con el aroma penetrante y dulzón del perfume de Vanessa flotando en el aire. Aquí, lo único con lo que despertaba eran los suaves sonidos lejanos de los animales y el movimiento tranquilo y constante de los trabajadores que ya empezaban sus tareas matutinas.
Durante las últimas dos semanas había estado ayudando en la pequeña clínica del rancho. No era un hospital humano completo, pero estaba bien equipada para tratar lesiones, realizar procedimientos menores y atender a los animales del rancho. Papo seguía presentándome a todos como «la doctora», y los peones me aceptaron como si