Punto de vista de Aria
—Esta es mi habitación —repitió con voz monótona y definitiva.
Sentí que la cabeza me ardía. Todo en mí se abrió de golpe. Mi respiración se volvió agitada y entrecortada. Ni siquiera lo pensé. Me giré y me dirigí directamente a la puerta, agarrando el frío pomo dorado.
—Me voy —dije con la voz temblorosa de rabia—. Me largo de aquí ahora mismo. Me da igual de quién sea esta habitación.
La puerta no se movió. Su mano la mantenía cerrada, incluso antes de que pudiera tirar