### Punto de vista de Aria
Valente estaba frente a mí como si nada hubiera cambiado. Como si yo no acabara de dispararle a Lucca. Como si mi mundo no se estuviera derrumbando en mis brazos.
Abrazaba a mi bebé contra mi pecho. Sus llantos eran agudos, perforándome los oídos. Mi corazón latía con tanta fuerza contra mis costillas que dolía. Mis dedos aún rodeaban el frío metal de la pistola de Lucca. La levanté lentamente, con los brazos temblando, y la apunté directamente al centro del pecho de Valente.
Él no se inmutó.
Sus ojos bajaron hacia la pistola y luego volvieron a mi rostro. Estaba calmado. Demasiado calmado.
—No vas a disparar —dijo, con voz plana y segura—. No lo llevas dentro.
—¡Deja de acercarte! —grité, con la voz ronca en la garganta.
Dio otro paso deliberado hacia mí en el pequeño armario de la ropa blanca.
—Estás emocional —dijo, como si me estuviera diagnosticando—. Estás agotada. Acabas de dar a luz. No estás pensando con claridad. Baja la pistola.
—¡Para! —volví a g