Diana sintió una ola fría de terror recorrerla. Acababa de entregarle exactamente lo que él quería. No una tregua. No una alianza. Le había dado una razón para mantenerla con vida, lo que significaba que ahora era su herramienta, no su socia.
«Tú también la quieres a ella», dijo. No era una pregunta.
«Quiero respuestas», respondió Amaro. «Quiero saber por qué lo eligió a él. Quiero saber por qué huyó de mí. Quiero mirarla a los ojos y oírla explicar por qué nunca fui suficiente».
Su voz era cal