Siempre bella.
EMIR
Estaba más que satisfecho con todo lo bueno que estaba ocurriendo en mi empresa y en la agencia. Habían pasado más de dos meses desde que las ventas, con la ayuda de mi hermana y las modelos, habían crecido enormemente. No podía pedir más; estaba agradecido. Sin embargo, sentía que algo hacía falta en mi vida. Ese sentimiento persistente de querer tenerla a ella junto a mí, hacerla mi esposa, amarla y demostrarle lo que no pude cuando aún estaba confundido, no se desvanecía.
No obstante,