El motor del deportivo rugía con una cadencia distinta esa mañana. Declan no se dirigía a su oficina de cristal y acero, sino a la imponente propiedad de los Westerfield. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era soltar una granada en el centro de la dinámica familiar. Sus padres, Silas y Eleanor, habían convertido la soltería de su hijo en un asunto de estado desde que su última relación seria fracasara, dejando una estela de decepción que Declan cargaba como una armadura.
—El trabajo impor