Arthur Fairchild se encontraba en el centro de su vasta biblioteca, rodeado de un silencio que solo era interrumpido por el eco de la lluvia y el tintineo del cristal.
Había dado el día libre a todo el personal; no quería ojos curiosos, no quería juicios. Solo quería desaparecer en el fondo de una botella de whisky. El alcohol, que al principio había sido un anestésico, ahora era un motor que aceleraba su desesperación. Sus sentimientos estaban fuera de control, desbordándose como el río que ru