Jacob.-
Deje mi arma a un lado y volví a salir con las manos en alto, Alfred tenía un arma apuntando la cien de Natalia, me rompió el corazón verla con el rostro húmedo y sus ojos hinchados de tanto llorar.
Cuando Alfred me vio pasó sonrió con malicia, paso sus labios recorriendo su cuello llegando hasta su mejilla de manera asquerosa, de aquí no iba a salir vivo, se lo iba a hacer pagar, pero primero debo ponerla a salvo.
— Puedes hacer lo que quieras con ella –Traté de restarle importancia,