Vi los labios de Kris temblar; eso era señal de que tenía frío. Era normal que lo tuviera, pues aún conservaba la ropa mojada debajo de la cobija. Soltando un suspiro, Arvid giró el rostro hacia la cocina. Ahí había un horno en el cual su madre y la tía Magda preparaban la comida, pero era a leña. Bajó la mirada hacia abajo del fogón y encontró varios palos. Al parecer, la suerte los acompañaba: después de casi un año, la leña permanecía en casa. Solo esperaba que hubiera con qué encender el fu