Arvid aún tenía los ojos cerrados cuando murmuró.
—Ya no recordaba el sabor de tus labios, Kris.
Kris abrió los ojos y, con voz suave pero firme, respondió.
—No seré tu amante, Arvid.
Ambos se quedaron observándose fijamente.
—¿Mi amante? No estoy casado —explicó él—. Tampoco estoy dispuesto a tenerte como tal.
Subió la mano a su rostro, deslizó los nudillos por su mejilla y volvió a apoyar su frente contra la de ella.
—Nuestros planes de niños continúan.
Volvió a besarla, y esta vez el beso fu