91. Una tonta enamorada
Me despierto echando de menos el peso del brazo de Ethan alrededor de mi cintura, el calor de su cuerpo pegado al mío, esa forma en que me miraba como si yo fuera lo más valioso del universo.
Es raro cómo, en solo unos días, me he acostumbrado tanto a su presencia que ahora mi cama se siente enorme, vacía hasta doler.
—Joder… —murmuro, incorporándome—. ¿Por qué las cosas no pueden ser más sencillas?
Miro el móvil y pienso en mandarle un «buenos días», pero antes de que pueda tocarlo, dos golpes