6. Es una pésima idea
Ethan respira hondo, todavía con la mirada fija en mí, como si estuviera decidiendo si vale la pena seguir con las provocaciones.
Luego, sacude la cabeza y se aleja, caminando hacia la ventana. Con las manos en los bolsillos, contempla la vista de la ciudad, ignorándome por completo.
Tras unos minutos de un silencio insoportable, decido hablar. La incomodidad de su presencia ya es suficiente; el silencio solo lo empeora.
— Pensé que tu oficina estaba en otro piso — murmuro, apretando nerviosame