156. Refugios no duran para siempre
En cuanto Lauren termina de hablar, sale corriendo por el pasillo. Intercambio una mirada rápida con mi padre, que me hace un gesto hacia la puerta, y seguimos sus pasos.
Todo lo que me pasa por la cabeza es Mia y la posibilidad de que le haya pasado algo. Pero cuando llegamos al salón, la escena que me encuentro me hace frenar en seco.
Lauren está literalmente empujando a Mia hacia el sofá. Mi novia, con los ojos como platos de la sorpresa, cae sentada, riéndose mientras intenta descifrar qué